Como señala el propio Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, “la cría de aves para producción de carne es en la actualidad una de las actividades ganaderas más importantes de nuestro país”. Cada año son asesinadas en España 51 millones de gallinas que viven encerradas hasta que su explotación resulta rentable económicamente, momento en el cual serán también asesinadas: 47 millones de ellas son empleadas para que pongan huevos que luego son robados, y la vida de otras 4 millones es dirigida a la cría de pollos (cifras que ascienden en la Unión Europea hasta 367 millones y 33 millones, respectivamente. Cada gallina pone cerca de 180 huevos al año (en algunos casos más), por lo que la producción y consumo de cada huevo supone el encierro de aproximadamente dos días para una gallina. Dos días más privada de libertad, dos días menos de vida. En toda la Unión Europea 97.200.000.000 huevos son destinados a la industria de la alimentación.

Mientras que las gallinas son animales fuertemente territoriales cuando viven en libertad, estableciéndose relaciones de jerarquía entre sí, dichos instintos son anulados al estar encarcelados en granjas. Ello lleva a estos animales a sufrir un gran estrés psicológico, una conducta que en muchos casos deriva en ataques e incluso canibalismo. Con el objetvo de evitar esto, se amputa parte del pico de las gallinas, algo permitido por la legislación vigente.

Explotaciones de cría “ecológica”

Se consideran explotaciones de cría “ecológica” de aves a aquellas que cumplen con las condiciones señaladas por el Reglamento (CEE) 2092/91. del Consejo de la Unión Europea.

Las gallinas ponedoras tienen asignada para vivir una superficie de 6 metros cuadrados en la zona cubierta, y 4 metros cuadrados al aire libre. Por su parte, los pollos tienen asignados 10 y 4 metros cuadrados, respectivamente. En dichas explotaciones se proyecta luz artificial sobre las gallinas ponedoras para que sean más productivas económicamente.

Estas aves tienen una mayor libertad de movimiento que en las explotaciones convencionales. Sin embargo, también en los sistemas de cría “ecológica” existe explotación y sufrimiento, pues los animales están privados de varios intereses: vivir en libertad, establecer relaciones sociales conforme a sus necesidades como especie, tener hijos... Todas estas son formas de explotación que generan sufrimiento a los animales, y que no pueden justificarse ni defenderse. Estos sistemas de explotación contribuyen a perpetuar el uso y consumo de aves, pues mucha gente piensa que estos animales han tenido unas condiciones de vida dignas, lo cual no es cierto.

Explotaciones de cría convencional

Las explotaciones de cría convencional son aquellas que no cumplen con las condiciones del Reglamento (CEE) 2092/91. del Consejo de la Unión Europea. Pueden dividirse en los siguientes grupos:

• Explotaciones de selección: dedicadas a la producción de huevos destinados a incubación, con el objetivo de que nazcan más aves que serán destinadas a la cría.
• Explotaciones de “multiplicación”: donde viven las gallinas destinadas a la cría, las cuales tienen hijos destinados que serán consumidos por humanos, perros, gatos y otros animales.
• Explotaciones de recría o criaderos de “aves de cría”: donde viven encerradas las aves que son empleadas para criar, antes de que se reproduzcan.
• Explotaciones de recría o criaderos de “aves de explotación”: donde viven encerrados los pollos destinadas al consumo.
• Explotaciones de “producción”: donde viven encerrados los pollos antes de ser matados con destino a la industria de la alimentación.
• Incubadoras: explotaciones donde eclosionan los huevos y nacen los pollos.

Los animales pueden ser mutilados. En explotaciones donde hay aves destinadas a la cría, viven entre 4,7 y 6,3 aves por metro cuadrado, en función del sistema de refrigeración existente

La explotación de gallinas ponedoras se regula por el Real Decreto 3/2002, de 11 de enero, con la excepción de los establecimientos de menos de 350 gallinas ponedoras y de establecimientos de cría de gallinas ponedoras reproductoras, lugares estos últimos donde es de aplicación el Real Decreto 348/2000, de 10 de marzo.

En el primer caso, las gallinas viven en jaulas de 550 metros cuadrados y 45 centrímetros de altura, con una inclinación de hasta el 14%. El espacio del comedero asignado a cada gallina es de 10 centímetros. Las gallinas sufren un ciclo de luz artificial de 24 horas ininterrumpidas, a través de lo cual se busca alterar su ciclo biológico, algo que lleva a muchas gallinar a enfermar.

Algunas de estas explotaciones provocan la "muda forzada" de las gallinas cuando su ritmo de producción de huevos desciende: se les deja a oscuras sin comer ni beber durante unas dos semanas, haciendo que muden o cambien las plumas y pierdan una cuarta parte de su peso normal, lo que altera sus ciclos biológicos y hace empieze otro nuevo ciclo de puesta de huevos para alargar la productividad y vida "útil" de estos animales. Aproximadamente el 10% de las gallinas mueren durante este tiempo por hambre y deshidratación.

Los pollos macho, otras víctimas del consumo de huevos

Los huevos que habitualmente se comen no están fecundados por lo que no nacerán pollitos de ellos. Son la ovulación de las gallinas (su regla). Sin embargo, y como es preciso mantener la producción de huevos, es preciso que otros huevos sí sean fecundados para que podamos seguir teniendo gallinas que pongan a su vez huevos.

Cuando el huevo eclosiona, y al igual que sucede con los humanos, el pollito recién nacido puede ser macho o hembra. Varios operarios denominados "sexadores" se encargarán de determinar el sexo del pollito y seleccionar a las hembras para que sean criadas -para poner huevos- y descartar a los machos. Los machos, dado que no ponen huevos ni engordan lo suficiente para ser económicamente rentables -los pollos criados para carne son de la raza broiler que engordan rápidamente-, son arrojados en contenedores o sacos donde se aplastan unos a otros. Muchos mueren aplastados y otros asfixiados por el peso de los demás que son arrojados constantemente sobre ellos. Algunos incluso salen del huevo en medio de los cadáveres. Todos ellos junto con sus cáscaras serán posteriormente triturados (muchos siguen vivos hasta ese momento) y utilizados como abono.

El consumo de huevos conlleva la muerte de las gallinas que han puesto dichos huevos (cada año sólamente en España más de 100 millones de gallinas son enviadas al matadero tras ser explotadas durante aproximadamente un año) así como la muerte de los pollitos macho (35 millones en Inglaterra). Puedes pensar que por cada gallina que está hoy día siendo utilizada para poner huevos, ha habido otro pollito macho (su hermano) que acabó como si fuese basura en un contenedor.

FUENTES
España. Real Decreto 108/2005, de 16 de septiembre, de ordenación de la avicultura de carne, 29 de septiembre de 2005, núm 233.
España. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Hechos y cifras de la agricultura, la pesca y la alimentación en España. 7ª ed. revisada, actualizada y ampliada. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, 2004. Cap. XII, p. 2. Disponible en Web:
España. Real Decreto 3/2002, de 11 de enero, por el que se establecen las normas mínimas de protección de las gallinas ponedoras. Boletín Oficial del Estado, 15 de enero de 2002, núm. 13. Anexo I, art. 8.
Unión Europea. Reglamento (CEE) 2092/91, del Consejo de la Unión Europea, de 24 de junio, sobre la producción agraria ecológica y su indicación en los productos agrarios y alimenticios. Diario Oficial, nº L 198 del 22 de julio de 1991, p. 1) . Anexo VIII
España. Real Decreto 108/2005, de 16 de septiembre, de ordenación de la avicultura de carne. Boletín Oficial del Estado, 29 de septiembre de 2005, núm 233.